diumenge 28 de desembre de 2008

el genocidio que no cesa

Uno se despierta del entumecimiento de estos dias con la noticia de la matanza brutal de Israel en Gaza y le dan ganas de llorar de rabia y de impotencia. Abrupto despertar de la interminable bacanal de escudella y canelons a la que nos entregamos deambulando entre plato y plato sin encontrar demasiados motivos que celebrar.
Hay muchos conflictos en el planeta que despiertan mi indignación, pero la matanza de ayer en Palestina me revienta especialmente . Será porque empecé a tomar partido _en todos los sentidos_ al tiempo que leía las crónicas de la intifada hace ya veinte años. Veinte años en los que he continuado leyendo con la misma indignación las noticias de ese genocidio que se mantiene con más crueldad si cabe ante la mirada indifirente de eso que llamamos comunidad internacional. Veinte años usando mi pañuelo palestino, en insuficiente señal de apoyo a la causa de un pueblo oprimido.
Indignación. Porque no es lo mismo David que Goliat. Indignación porque aunque condene todas las formas de violencia, no es lo mismo un ataque terrorista o cien ataques terroristas, o mil ataques de terrorismo que la brutal ofensiva bélica de un estado que se dice democrático contra la población civil secuestrada que vive en los territorios ocupados. No, no es lo mismo. Para que cese eso que los neutrales llaman el conflicto de oriente próximo, primero ha de cesar el terrorismo impune que ejerce el Estado de Israel. Mañana a las 19 horas en la sede de la Cámara de Comercio española-israelí (Travesera de Gracia, 21) concentración en solidaridad con Palestina.

dilluns 15 de desembre de 2008

La ciudad contra el capital, de Jordi Borja

Me permito la licencia de reproducir el artículo de Jordi Borja publicado en "El carrer"; me parece de una total actualidad, también para nuestra ciudad.



La ciudad contra el capital
Jordi Borja · · · · ·

14/12/08

“La ciudad nos impone el deber terrible de la esperanza” escribió Borges. La recomendación ignaciana de “en tiempos de desolación no hacer mudanza” se presta a interpretaciones conservadoras, aunque quizás podríamos matizarla en sentido opuesto. Si el “enriqueceos, enriqueceos” tan a la moda las últimas décadas nos ha conducido al empobrecimiento de muchos mientras algunos enriquecidos se salvaban sería bueno recuperar el principio de esperanza propio de la izquierda, o dicho de una forma más clara: recuperar sus ideas, sus valores y sus análisis críticos del capitalismo.

La “mudanza” se hizo asumiendo los principios y los procedimientos conservadores, es la hora del cambio, de ser lo que fuimos, de resistir a las propuestas interesadas de unos y cobardes de otros, de recuperar lo fundamental del pasado para que en el futuro no se repita la crisis del presente.

Los defensores del “desorden establecido” nos dicen que la crisis es saludable puesto que el sistema se autocorrige, elimina a los perdedores, reduce los excesos inherentes al modo de acumulación de riquezas, y al cabo de unos años la expansión renace. No cuantifican la destrucción de bienes que se ha producido y menos aún los costes sociales que pagan la mayoría de los ciudadanos. Hemos vivido una época de despilfarro, de sobreproducción de viviendas que los que las necesitan no podían adquirir, de estimulo al endeudamiento al cual muchos no podrían hacer frente si se reducían lo más mínimo sus ingresos, de destrucción ambiental y crecimiento insostenible, de segregación y desigualdad sociales crecientes.

La ciudad, la forma más elevada de civilidad y de progreso, por su potencial de generar convivencia y redistribución, se ha ido fragmentando, disolviendo en las periferias suburbanas, sin cohesión ni sentido. Uno de los aspectos más negativos del tipo de desarrollo promovido por un capitalismo financiero especulativo y salvaje ha sido generar esta dinámica disolutoria de la ciudad.

La historia de la izquierda social, cultural y política va estrechamente unida a la crítica de la economía y a la defensa de la ciudad. Sorprende el grado de desinterés o ignorancia de las izquierdas institucionales y de las cúpulas políticas actuales en ambos temas. La crítica rigurosa del actual capitalismo globalizado, de su modelo de acumulación, ha estado ausente de la reflexión de gobernantes y dirigentes partidarios y por lo tanto es lógico que a la hora de buscar soluciones no se les ocurre nada más que limitar algunos excesos (vincular las transferencias de recursos públicos a las grandes empresas a una reducción que no resulte demasiado escandalosa de los puestos de trabajo) y crear condiciones para volver a la situación anterior (salvar bancos y grandes promotores por medio del dinero público o comprando sus activos). Los reformistas cuando aparece la necesidad de hacer reformas en serio se asustan y caminan para atrás.

La ciudad ha sido en España durante dos décadas el espejo de la democracia. En todo el país los años 80 y 90 la mayoría de las ciudades se han transformado espectacularmente, ha florecido un urbanismo ciudadano expresado principalmente por medio del espacio público, bien diseñado en lo físico y animado en lo social y cultural. Pero progresivamente la lógica de un mercado que la acción pública había convertido en apetitoso fue imponiéndose.

En las ciudades compactas aparecieron las operaciones terciarias ostentosas, públicas y privadas, y en aras de la competitividad global, los espacios centrales se especializaron y se hicieron excluyentes. Los precios del suelo se dispararon y las hipotecas facilitaron que los sectores acomodados de las clases medias accedieran al mercado libre y se mantuvieran en la ciudad junto a los barrios residenciales de las minorías ricas. Algunas zonas antiguas o marginales fueron ocupadas por inmigrantes y los sectores populares y medios, los jóvenes especialmente, fueron emigrando a las periferias segregadas por niveles de renta, pobres en espacio público y equipamientos, los territorios “urbanalizados” según el afortunado palabro de Francesc Muñoz. Los gobiernos locales a veces han sido cómplices, otras veces se han mostrado impotentes, pocas veces han denunciado esta degradación del urbanismo democrático.

Este proceso disolutorio de la ciudad integradora ha tenido unos actores conocidos: bancos y cajas adquirieron por lo menos la mitad del suelo urbanizable, los propietarios del suelo se enriquecieron vendiendo con el único mérito de esperar al comprador, los promotores y los constructores se endeudaron esperando vender a una demanda que consideraban infinita y convencidos que su producto solamente podía aumentar del valor con el tiempo. Ciudadanos de ingresos medianos o modestos compraron por necesidad o para colocar sus ahorros hipotecándose con la complicidad de las entidades financieras y de los sucesivos gobiernos sin suponer que ni sus ingresos ni la vivienda adquirida iban a tener un crecimiento sostenido ni que las hipotecas podrían resultar más onerosas.

Ahora se plantea una cuestión bien sencilla. Los dueños del capital quieren que el Estado con el dinero de todos los ciudadanos les subvencione para pagar deudas o impagados o les compre lo que no pueden vender y para repartirse beneficios o indemnizaciones. Los ciudadanos con una vivienda hipotecada que no pueden pagar ni vender por el coste de la deuda en cambio lo que necesitan son que se imponga al sistema financiero una moratoria hasta que la economía se reactive y sus ingresos le permitan volver a pagar las cuotas de la hipoteca. Los gobiernos, imbuidos por la creencia que solo el mercado capitalista puede reactivar la economía, se colocan decididamente al lado de bancos y empresas constructoras y promotoras, especialmente las grandes. Hay matices significativos pues mientras el gobierno británico asume un rol parcialmente protagonista nacionalizando una parte de la banca el gobierno español ofrece el “talante” para convencer a los grupos económicos que no sean malos y tengan un poco de paciencia.

En Catalunya en un periódo de crisis, distinta a la actual ciertamente, el gobierno republicano municipalizó el suelo urbano y colectivizó las empresas de construcción. Un gobierno cuya composición era muy similar al actual tripartito. No creo que ahora se pueda repetir tamaña hazaña pero aún aceptando las limitaciones que impone el marco europeo y español algo más se podría hacer. Comprar las hipotecas, imponer moratorias, prohibir la distribución de beneficios o dividendos al sistema financiero, obligar a dar créditos al tejido empresarial pequeño o mediano, etc como medidas coyunturales. Y también es el momento de plantear iniciativas que se opongan a las dinámicas especulativas que han propiciado la burbuja que ahora ha explotado: reformar la legislación urbanística para que imponga por lo menos un 60% de vivienda protegida y un 20% de vivienda social, recuperar el 90% de las plusvalías urbanas, penalizar fuertemente las operaciones urbanizadoras segregadas de la ciudad compacta, crear una banca pública hipotecaria, impulsar un programa de transporte colectivo en detrimento del crecimiento urbanizador de la red viaria.



Pero nada de esto ocurrirá, ni tan solo se convertirá en debate público sino emerge un amplio movimiento social de los que tienen más deudas que vivienda, más hipotecas que trabajo remunerado, más indignación que paciencia, más confianza en la fuerza popular que en las promesas vacuas de los gobernantes. En estos momentos la izquierda demuestra su naturaleza. Es capaz de explicar la perversidad del sistema económico o no, se adapta o transforma la realidad, moviliza a las mayoría populares o se muestra pusilánime enroscada en las instituciones. Volvemos a otra cita de Borges: nadie se arrepiente de haber tenido un momento de coraje en su vida.

Jordi Borja es un sociólogo y urbanista radicado en Barcelona, y uno de los luchadores más conocidos de la resistencia clandestina catalana contra el franquismo.
El Carrer, diciembre 2008


divendres 12 de desembre de 2008

Ladran, ¿en algo se estará acertando? (aunque tarde)

El FMI pide al gobierno que deje de construir viviendas de protección oficial

Nadie se había atrevido a decirlo con tanta crudeza. pero el fondo monetario internacional (fmi) en su último informe sobre españa reclama al gobierno que acabe con la construcción de nuevos pisos de protección social. en su opinión las políticas de vpo "aumentan los inventarios de viviendas sin vender" y además su mercado "está a menudo distorsionado". estima que esa estrategia "es poco transparente" y ha sido un fracaso, toda vez que "no ha alcanzando siempre las prestaciones a aquellos a los que se desea que las reciban"

noticia publicada en cotizalia.com (11/12/2008)

dilluns 8 de desembre de 2008

Allò que no s'ha complert de la Constitució

Quan es celebren els 30 anys de la Constitució espanyola, i sense ànims de fer un balanç exhaustiu, convé recordar els seus articles més oblidats. A títol d’exemple:

Article 35. Tots els espanyols tenen el deure de treballar i el dret al treball. Article 47. Tots els espanyols tenen dret a gaudir d’un habitatge digne i adequat (… )L’utilització del sòl es regularà d’acord amb l’interès general per a impedir l’especulació.
Article 45.1. Tots tenen el dret a gaudir d’un medi ambient adequat per al desenvolupament de la persona, així com també el deure de conservar-lo.

Si contrastem aquests principis amb la realitat, les conclusions són demolidores. En matèria d’ocupació, Espanya té tres milions d’aturats i la taxa d’atur (12,81%) més gran de la Unió Europea. En habitatge, és el país europeu amb més pisos buits, alhora que les famílies dediquem un 48 % de la nostra renta a la vivenda, i en matèria de Medi Ambient, el 75 % de la població espanyola viu en ciutats amb l’aire contaminat, fet que provoca anualment 16.000 morts prematures.

Poc se’n parla aquests dies sobre el flagrant incompliment d’aquests principis constitucionals i molt sobre la idoneïtat de modificar la Constitució per a que la infanta Leonor pugui heredar la Corona. Sobte comprovar com els que sacralitzen la Carta magna són els mateixos que han mostrat al llarg dels seus governs, PP i PSOE, no gaire interès en desenvolupar a fons els seus articles més socials. Urgeix un debat a fons per actualitzar la Constitució al segle XXI, fer balanç del que s’ha fet fins ara i orientar-la cap una estat social de dret, federal, laic i republicà.






dimecres 3 de desembre de 2008

Autonomia personal: l'assignatura pendent

Quan celebrem els dos primers anys de l’aprovació de la Llei per la promoció de l’autonomia personal, més coneguda com Llei de Dependència, i a punt de commemorar el proper 3 de Desembre, el Dia Internacional de les persones amb Discapacitat, val la pena fer algunes reflexions que convé tenir en compte.

Si bé és cert que al llarg dels últims anys el reconeixement del dret a l’autonomia de les persones amb discapacitat ha avançat d’una manera notòria, especialment amb l’aprovació de la llei, no és menys cert que encara són moltes les dificultats que té aquest col·lectiu per exercir-lo amb plenitud.

En aquest sentit, només cal recordar que a Catalunya encara hi ha 22.000 persones amb discapacitat que esperen rebre les prestacions que els reconeix la llei, molts dels quals estan ja fora del termini de sis mesos que estableix la norma.

La Llei de la Dependència va suposar un salt qualitatiu en l’articulació de l’Estat del Benestar, com ho van ser en el seu moment la Llei d’Educació o de Sanitat, però els problemes en el seu finançament estan provocant tanta decepció com esperança va suscitar la seva aprovació.

A pocs dies del Dia Internacional de les Persones amb Discapacitat, és el moment d’exigir amb fermesa al Govern de l’Estat tots els esforços pressupostaris que garanteixin l’aplicació de la Llei, donant resposta als milers de persones que esperen poder exigir el seu dret a l’autonomia personal. No volen diners, no volen caritat, volen que es compleixi la Llei i poder rebre l’atenció que se’ls ha reconegut per part de l’Estat.

De la mateixa manera, que gairebé ningú no discuteix avui en dia, que per garantir el dret universal a l’educació o a la sanitat, cal un xarxa pública que pugui garantir aquests drets amb eficàcia, sembla evident que la construcció d’una xarxa pública d’atenció a les persones, amb ocupació de qualitat, és una de les grans assignatures pendents que té el nostre país. La crisi no és una excusa. No s’hi valen excuses quan parlem de drets.

dimarts 2 de desembre de 2008

Un coordinador o coordinadora de tod@s

Se acerca la elección de coordinador (o coordinadora) general de IU. Escribí el día después de la Asamblea que me pareció una buena idea aplazar la elección con el objetivo de conseguir el mayor consenso posible. Lo sigo pensando. Considero tan lícito que Cayo mantenga su propuesta como que la mantenga Eberhard. Les encuentro virtudes y defectos a los dos. Me parecen dos buenas propuestas, y mejor complemento. Quizás uno tenga lo que le falte al otro y viceversa. Pero el tiempo se acaba y creo que no sería bueno que llegáramos al día 14 con las dos propuestas encima de la mesa. Estaríamos más o menos igual que hace un mes, o incluso peor, con riesgo de volver aún más atrás. Sigo confiando en el G-14 y en su capacidad de acuerdo que nos evite elegir entre uno y el otro. Una mitad contra la otra. Eso ahora no sería bueno.

Cosas que no entiendo

Hay tantas cosas que no entiendo. No entiendo que gobierno y oposición se rasguen las vestiduras porque una empresa privada (Lukoil) quiera entrar en el accionariado de otra empresa privada(Repsol). No entiendo que alguien que se dice liberal critique a otro (que se dice social liberal) por no impedir la operación, queriendo hacer ver que desconoce que es prácticamente imposible impedirlo. Las leyes del mercado. Los dogmas del neoliberalismo hechos contradicción en el verbo de Rajoy y de Zapatero. No entiendo que el gobierno diga que hará lo posible para que ese 20 % de Sacyr Vallehermoso lo compre otra empresa, a poder ser que no sea rusa. No entiendo que lo digan o que lo insinúen sin decirlo y al mismo tiempo decir que no se es xenófobo. No entiendo que haya empresas mejores o peores en función de su nacionalidad, pensaba que la globalización había superado las fronteras para los capitales....No entiendo tantas cosas. No entiendo por qué todo el mundo se rasga las vestiduras, tertulianos de todos los grupos unidos por el amor al ruido mediático. No entiendo porqué nadie propone la entrada de capital público en empresas claves de nuestros sectores estratégicos. Entiendo al señor Brufau en su cabreo, aunque no comparta sus ideas.