Escribir una semana después sobre los incidentes, es hacerlo con ventaja. Lo admito. También podría no hacerlo porque mi opinión política está perfectamente representada en la
resolución que aprobó el viernes pasado, Esquerra Unida i Alternativa. Sin embargo, siento la necesidad de apuntar algunas breves reflexiones al respecto.
En primer lugar, sobre el Plan Bolonia. Desde la distancia, creo que toda la cuestión sobre el Plan Bolonia nos ha pasado por delante sin habernos dado cuenta, a la izquierda social, sindical y política de nuestro país. Es una cuestión que viene de lejos, sobre la que no hemos sabido posicionarnos a tiempo y tratar de orientar una estrategia inteligente de cara a poder condicionar su aplicación. (que es, si no voy errado, un hecho consumado)
En segundo lugar, sobre la carga policial de la semana pasada. Nada tengo que añadir a la resolución de la permanente de Esquerra Unida i Alternativa, de la que formo parte, y en la que hubo un debate muy serio sobre los incidentes. Fue una carga desproporcianada e inadmisible, se han de pedir disculpas, que ya se han pedido, y se debe abrir una investigación,que ya se ha abierto, para saber porqué sucedieron, depurar responsabilidades y garantizar que no vuelva a ocurrir.
Hasta aquí, y desde mi punto de vista, el tema debería estar zanjado, porque entre otras cosas, no deberíamos dar alas a quien busca cualquier resquicio para debilitar al govern d'Entesa.
Tercero. Sin embargo, sí que procede una reflexión interna más profunda y más amplia, vinculada a la revisión del
Acord d'Entesa que se está realizando durante estas semanas, que actualice el papel de nuestra coalición en el Govern, reforzando y dando una vuelta de tuerca más a las políticas de avance social más necesarias que nunca en tiempos de crisis, que generen empleo, que garanticen la protección social y que sean beligerantes en materia mediambiental.
Es decir, necesitamos reafirmar y dar un nuevo impulso a las políticas sociales del Govern, porque son la única razón de ser de nuestra presencia en un gobierno de mayoría progresista, y porque son la única alternativa real a la tan cacareada sociovergencia.
Ahora bien, para ello necesitamos el acompañamiento de una movilización social mucho más potente que la contemplada hasta la fecha, que esté a la altura, por ejemplo de la manifestación de la Enseñanza que la semana pasada convocó a más de 85.ooo personas.
Con todo, con los errores propios, que son los menos, y ajenos (que nunca lo son del todo ante la opinión pública, mossos aparte), no es el momento para amilanarse, si no para plantar cara y pasar a la ofensiva que movilice a las clases populares catalanas contra el desencanto.